Muchas veces el Dr. Morales decía que mis fantasías eran estupideces, que cómo se me ocurría pensar en humanos que despertaban de la muerte para devorar a sus congéneres, que el cuerpo humano entraba en un estado de rigor mortis que hacía imposible el movimiento luego de su muerte.
Qué pensó el Dr. Morales cuando descargué toda la munición de mi Glock C17 sobre él y aún así seguía moviéndose. Qué pensará ahora, mientras me mira con esos ojos vacíos y sin alma, escuchando mis gritos desaforados, arrancando a dentelladas parte de mi estómago y mis intestinos.
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