sábado, 26 de enero de 2019

El trasteo

- Cuénteme su versión de los hechos por favor, ¿qué pasó en el camión?

Aquí comienza mi relato, tal vez el último.

Empacamos todas nuestras pertenencias porque íbamos a vivir a Bogotá. Mi ex esposa, mi conejita Loki y yo. Tuvimos la fortuna que el caballero del camión nos transportó en su vehículo y de esta forma nos ahorramos el pasaje de ida a la capital del país. En una caja que llenamos con papel periódico y pañales Dena, colocamos a la coneja para evitar que orinara los asientos del cuero del camión. Luego de que todos nuestros enceres estuvieron en la bodega, nos despedimos de mi madre y mi hermano y empezamos ruta - adiós Cali - dije, - nos veremos en algún otro momento -, mi ex esposa estaba feliz porque volvía a su ciudad natal.

Nuestro camino estuvo en total normalidad hasta que nos detuvimos a almorzar en Armenia ya que eran cerca de las 2pm y todos teníamos hambre. Encontramos un restaurante en la ruta y bajamos con Loki amarrada a una correa de perro. Entramos a un restaurante preguntando si había problema por entrar con ella (señalando a Loki) y nos dijeron que ninguno sino empezaba a saltar por todos lados, dijimos que eso no sucedería ya que era muy calmada. Le dimos de tomar agua y le servimos en un pequeño tupper una manotada de conejina, ella se relajó y se recostó a mis pies. Se nos acercó una señora de una gran busto y una falda por debajo de las rodillas, sus uñas tenían un pintura rosada, maltratada tal vez por cocinar.

- ¿Qué desean ordenar?
- ¿Qué tiene para hoy?
- Sancocho de gallina, albóndigas en salsa de la casa y fríjoles.
- Me regalas por favor unas albóndigas en salsa de la casa.
Mi ex esposa ordenó.
- ¿Y usted qué desea caballero?
Pregunté al señor de la mudanza.
- Yo quiero sancochito con bastante arroz por favor
- Para mi fríjoles
Dije.

Luego de terminar nuestros almuerzos, ya listos a arrancar para no llegar muy de noche a la capital, se nos acercó un caballero alto, tenía un bigote muy chick, muy parecido al que usaba Salvador Dalí; tenía en sus manos películas en DVD a la venta. Tres años llevaba Loki viviendo con nosotros y nunca se comportó de la forma en que lo hizo, nunca la habíamos escuchado gritar de esa forma tan aterradora, salió a correr, sino fuera porque la correa estaba amarrada en mi muñeca izquierda, hubiera salido despavorida; se enredó entre las patas de las sillas, chillando y gritando, le grité a mi ex esposa para que la levantara, pero se asustó demasiado y no fue capaz de reaccionar, el señor se asustó y se fue. Luego de unos segundos que me parecieron horas, logramos calmar a Loki, las personas en el restaurante quedaron asombrados ante lo que había sucedido y murmuraban entre sí. Pagamos nuestra cuenta y subimos al camión, en el camino estuvimos hablando sobre lo sucedido.

Ya estábamos llegando a Ibagué cuando mi esposa creyó ver al señor de las películas, me agarró el hombro derecho con mucha fuerza y le recriminé el por qué lo había hecho,

- Acabo de verlo
dijo,
- ¿A quién?
- Al hombre de las películas
- La marihuana es mala a esta hora del día
le respondí.

Ocho horas después seguíamos en el camino a Bogotá,

- Hace dos horas debimos llegar
Le dije al conductor
- Lo sé caballero, sólo que no sé dónde estamos
- ¿Pero es que usted no había hecho este trayecto antes?
- Mil y un veces

Mi ex esposa comenzó a preocuparse, no conocíamos la carretera, el conductor estaba perdido y sólo veíamos montañas y más montañas. Sólo comenzaba nuestra mala suerte, treinta minutos después una llanta explotó. Dejé a Loki a cargo de mi ex y bajé junto al camionero a revisar lo que sucedió, quince minutos nos tomó cambiar la llanta dañada, subí antes que él para comentarle a mi ex que ya todo estaba bien y reanudaríamos el camino. No nos dimos cuenta el tiempo exacto en que comenzamos a extrañar al conductor, me asomé por la ventana y lo llamé pero no contestaba, bajé del camión y lo que vi fue dantesco, al pobre hombre le atravesaron una de las puntas de la cruceta en el cráneo, me oriné en los pantalones y sentí como mis piernas flaqueaban, como pude llegué al camión y comencé a subir las ventanas, mi ex me reclamaba que le explicara qué había sucedido, notó mi pantalón húmedo y dijo, - te orinaste en los pantalones, cochino - luego que vio lagrimas en mis ojos, comprendió lo que pasaba.

Pasó una hora más o menos luego de que pude calmarme, mi ex lloraba y eso me obligó a reaccionar. Intenté encender el camión pero el conductor había quitado las llaves, comencé a buscar por todos lados en la cabina si había alguna copia o algo que nos ayudara y encontré bajo el asiendo del conductor, un bate con algunos clavos cruzados, lo agarré y le ordené a mi ex que se alejara de la ventana y se hiciera al lado mío, ella estaba muy asustada y Loki comenzaba a impacientarse, como si presintiera algo malo, intenté acariciarla pero me gruñó y casi me muerde, mi ex fue quien logró retenerla y con sus caricias la calmó, creo que el olor a orines que yo emanaba no le gustaba en lo más mínimo.

Pasados unos minutos le dije que tenía que volver a bajar, que debía buscar las llaves en los bolsillos del conductor, me imploró que no la dejara sola, que no bajara, que ya pasaría un vehículo y nos vería o que debíamos esperar a que amaneciera, yo no quería esperar tanto, algo podía pasar durante ese tiempo.

Demoré menos de un minuto en volver a la cabina, inserté la llave en el starter y el vehículo hizo su sonido particular, grité de alegría y miré a mi ex - bebé, ya arrancamos para irnos -, faltaba su ojo izquierdo, su hermosa camisa con la imagen de Winnie Pooh estaba cubierta del carmesí de su sangre, grité, intenté hacer que reaccionara, la llamaba, la sacudí, pero ya su cuerpo comenzaba a enfriarse, estaba muerta y yo estaba solo, lloré abrazando su cuerpo, no me había fijado que la caja donde estaba Loki había caído y ella comenzaba a saltar por mis pies en el suelo del camión. Lloré hasta que mis ojos se secaron y aún así seguía llorando, no pasaba ningún vehículo por ese lugar, nunca me había sentido tan necesitado en mi vida.

Cuando desperté ya vislumbraban las primeras luces del día, vi nuevamente el cuerpo de mi amada inerte en mis brazos, con cuidado la coloqué en el espaldar de la silla y fui por Loki, la necesitaba, quería acariciarla para que me reconfortara. Su cabecita estaba destrozada, como si un gigante hubiera estrujado en sus manos su pequeño cráneo contra el suelo, después de eso me desmayé y lo siguiente que recuerdo fue que estaba encadenado, contándole al psiquiatra lo mismo que acabo de narrarle a ustedes.

- Siéntese señor Rivera. Doctor Mendéz por favor léanos lo que le relató el detenido.
- Sí su señoría. A las 3pm de la tarde del domingo 4 de abril, estuve entrevistando en su celda al señor Rivera. Reconstruyendo todo lo sucedido, él me contó lo siguiente. Primero, luego de cambiar la llanta con el conductor, tomó la cruceta y sin ningún motivo golpeó hasta la muerte al señor Edwin Cardozo Ortiz y luego se la atravesó en la cabeza. Segundo, cuando encontró el bate con los clavos bajo el asiento, miro a su esposa, ahora ex esposa, le propinó un golpe con el bate y enterró uno de los clavos en el orificio ocular izquierdo. Tercero, bajó con el bate y lo introdujo en el recto del señor Cardozo por el lado del mango, luego subió nuevamente al camión y aplastó la coneja contra el suelo de este.
- Tiene algo más para añadir, Doctor Mendéz.
- No señor.
- La defensa quiere decir algo.

Me ofusqué porque todo eso era mentira, le dije a mi abogado que se levantara y me defendiera. Él se levantó y dijo.
- Su señoría, el señor Rivera me acaba de decir que el médico olvidó la parte en que él intentó aplastar la coneja con el pie en el restaurante de Armenia y que sus chillidos le provocaron una gran erección.

Sólo espero que todo esto se aclare de una vez.

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